viernes 22 septiembre, 2017
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Brian Castaño, de Villa Álida al mundo

En épocas en la que los clubes de barrio tienen que hacer magia para seguir subsistiendo, un boxeador, brillante, aparece con fuerza para poner en alto las banderas de todas esas humildes asociaciones barriales.

Porque el éxito de ese boxeador es eso: la victoria de un club de barrio. De “Villa Álida”, en este caso, una histórica institución de San Justo, que acaba de demostrar que no solo puede ayudar a la sociedad sacando a los chicos de la calle, también puede formar deportistas de elite como Brian Castaño, el púgil matancero que viene de protagonizar el mejor momento del boxeo argentino de los últimos años, al defender con éxito su título de monarca interino de los superwelter de la AMB tras ganarle al marfileño (naturalizado francés) Michel Soro, un boxeador más experimentado, más alto, con brazos más largos y que solo había perdido un solo combate de los 30 que había disputado.

Y lo hizo como visitante, como para darle un toque más épico al triunfo. Porque, se sabe, las leyes no escritas del boxeo indican que para ganar una pelea en territorio adversario hay que hacer un poco más de lo necesario. Y Brian ganó. A Soro y también a los jurados, quienes estuvieron a punto de arrebatarle la pelea modificando burdamente las tarjetas, una trampa que quedó en evidencia gracias a la televisión francesa, que le mostró a todo el planeta en vivo y en directo los movimientos “extraños” que estaban ocurriendo en la mesa de los jurados, y a la viveza de su manager Sebastián Contursi, quien también se quedó pegado a esa mesa descontrolada para impedir que se concretara un amaño que, a esa altura, ya tomaba dimensiones gigantescas.

El fallo, insólitamente dividido (hubo dos tarjetas para El Boxi por 115-113 y una que, inexplicablemente, dio ganador a Soro por 116-112), terminó confirmando lo que había ocurrido en el combate. Que Brian fue mejor. Porque demostró habilidad, templanza y mucha inteligencia para dar el gran golpe que le faltaba a su carrera. Porque ahora, a Castaño, que tiene un record invicto de 14-0, con 11 KO, se le abrirán más puertas para seguir creciendo.

“Sabíamos que iba a ser una pelea pareja y que la clave era presionarlo. También sabíamos que de visitante había que trabajar un poquito más, por eso en los últimos rounds salimos a tirar todo y pudimos ganar”, analizó Brian apenas finalizó la pelea, con el cinturón de campeón reluciendo en su cintura.

Y hablando en tercera persona, claro. Porque pese a ser un deporte individualista, Castaño, incluye en la victoria a su equipo, formado por, además de Contursi, su padre Carlos, su hermano Alan y por el doctor Walter Quintero, que además es médico en el club Almirante Brown, como para que la ligazón con La Matanza sea aun más fuerte. Ese “pudimos ganar”, además, incluye a sus amigos y vecinos del barrio. Porque ellos, gracias a Brian, también pudieron gritar bien fuerte ¡Dale campeón! Un grito que empezó en el “Villa Álida” y que, hoy, rebota en todo el mundo.