jueves 15 noviembre, 2018
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Cada vez más personas asisten a los comedores barriales de La Matanza

La preocupación de los organizadores de estos espacios va en aumento ya que, explican, deben hacerle frente a una demanda creciente.

De alguna manera, las organizaciones sociales y las ONG’s hacen el camino inverso al que realiza el Estado. Cuando este último se ausenta, salen a ocupar territorios. Y, cuando organismos oficiales dicen presente, presionan en otros márgenes.

Sin embargo, hay huecos que la buena voluntad no puede tapar. Huecos que, actualmente, no dejan de crecer. Que van en aumento, como los precios en las góndolas y en los valores que traen, mes a mes, las boletas.

Muchas de estas variables, por no ser oficiales, son difíciles de medir. Es el caso del incremento en la demanda que, por estos días, se está haciendo sentir con fuerza en los comedores y merenderos barriales. Según precisaron desde la Corriente Clasista y Combativa (CCC), en 2015 tenían 15 comedores en distintos puntos de La Matanza, a los que asistían, aproximadamente, 60 chicos por cada espacio.

“Hoy, tenemos 35 comedores y concurren cerca de 120 chicos. Muchos de estos lugares tuvieron que empezar a dar comida de noche porque la gente se iba a dormir con la panza vacía”, explicó a El1 Digital Juan Carlos Alderete, histórico dirigente de la CCC.

Por su parte, Gerardo Fernández, del Movimiento Evita, indicó que, en todo el país, tienen 2.500 comedores a los que concurren, regularmente, casi 500.000 personas.

Según dijo, la cantidad de comedores creció en los últimos años, ya que antes solo tenían algunos merenderos. En La Matanza, tienen 42 espacios. Tanto en los locales, como en los que están fuera del territorio, observan el mismo fenómeno: desde el 2016 a esta parte, creció 50 por ciento la cantidad de viandas que son retiradas para compartir con las familias, ya que, por distintos motivos, no todos pueden movilizarse.

Golpea en todos lados

Hay otros espacios que no cuentan con estructuras importantes, pero que, a fuerza de voluntad, buscan cambiar la realidad. El merendero Mi Placita es un ejemplo.

“A mi casa, vienen más de 60 chicos por día a merendar, pero no les alcanza con un vaso de té o leche con galletitas. Ellos tienen hambre y, de no ser por esa infusión caliente, muchos de los pequeños se irían a dormir con el estómago vacío”, contó Carmen Balmaceda, fundadora del merendero ubicado en la calle Río Cuarto al 2.500 en Rafael Castillo.

Los voluntarios de Mi Eterna Murga, un merendero situado en la calle Carcarañá 6.899 en Gregorio de Laferrere, indicaron que más de 90 niños se acercan a diario a la institución y que trabajan gracias a los aportes de los vecinos. “Nos alcanzan donaciones, pero no sabemos qué más hacer”, relató Marcela Leguizamón, desde el espacio.

En Virrey del Pino, el merendero Sembrando Futuro, ubicado en la calle Martín García 8.425, suma otra arista a la problemática. “La gente que viene, además, tiene frío. Necesitamos, también, prendas de abrigo, remarcaron.