lunes 25 junio, 2018
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En González Catán, ser luthier es un estilo de vida

Luis Castillo, Oscar Molinas y Juan Miguez Varela son tres amigos, apasionados por la música, que imparten sus conocimientos a los chicos para que la especialidad, hecha arte, perdure.

Se podría decir que ellos la fabrican y ellos la tocan. Asoma como una ecuación casera, quizás alejado del tecnicismo matemático, pero útil al ciento por ciento para definir la historia de Luis Castillo, Oscar Molinas y Juan Miguez Varela. Tres amigos, tres apasionados por la música y por la luthería, uno de los exquisitos oficios artesanales que aún perduran y que le sigue presentando batalla al avance tecnológico. Desde el taller de la calle Sanabria 4.860, de González Catán, sacan conejos de la galera a la hora de crear instrumentos de cuerdas (reparación, restauración y construcción), pero, además, de recrear el amor por la música, reparten sus conocimientos para que sus alumnos empiecen a caminar por el camino de lo artesanal.

Los luthiers matanceros nuclean su actividad bajo el nombre de Sanbri Luthiers Matanza, cuyo fundador fue Luis, a quien se unieron Oscar y Juan, quien es un egresado del taller de enseñanza. Hoy son alrededor de 35 alumnos los que asisten a las clases-taller para instrumentos acústicos e instrumentos eléctricos. “El contacto de boca en boca, las redes sociales y las volanteadas que armamos hicieron que apareciera mucha gente y de eso modo tuvimos que abrir un tercer curso”, cuenta Molinas y apunta: “Hacemos y enseñamos el oficio desde una guitarra artesanal profesional. Y si bien cada uno es responsable de una especialidad, todos colaboramos y supervisamos los trabajos ya sea guitarra clásica o eléctrica”.

Satisfacción

Y Castillo afirma: “Nuestra propuesta es que construyan su instrumento, a través de descubrir la luthería, pero la búsqueda es personal. Todo lo que se hace en el taller es de calidad media para arriba, dista mucho de esas guitarras que uno puede comprar en una casa de música. Se trabaja con madera maciza y se logra una guitarra de concierto”. En tanto, Míguez Varela apunta: “Nuestro pilar es fomentar este oficio, que no se pierda en el tiempo”.

Los alumnos le ponen alas a su imaginación y han hecho réplicas de guitarras famosas, como la de Eddie Van Halen, la Frankenstein; otros optaron por algo personalizado: “Uno de los chicos armó su guitarra con la forma y colores del escudo del Deportivo Laferrere”, cuenta Juan.

Los cursos asoman suculentos, según avisa Castillo: “Damos historia de la guitarra, métodos constructivos y botánica, porque cada parte de la guitarra se hace de una madera distinta. Hay mucha física, porque se trabaja con sonido, además de electrónica, y química por los barnices, lacas, diluyentes, etc.” Y destaca: “El trabajo parece arte, pero es muy técnico, porque los alumnos deben aprender a manejar instrumentos de medición, interpretar planos, trabajar con máquinas y herramientas”.

Castillo desliza enseguida el anhelo del trío de músicos-artesanos. “Queremos armar una asociación civil, que brinde un servicio como para ser una entidad oficial”.