lunes 20 noviembre, 2017
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Encuentro solidario para ayudar al merendero “Manitos Frías”

Entre juegos y música, se juntaron donaciones en la Plaza Bomberitos para el espacio donde 55 chicos reciben su copa de leche, en el barrio San Javier. El testimonio de Bárbara, la mujer que abre el garaje de su casa para darles la merienda y calor humano a los más necesitados.ENCUENTRO SOLIDARIO_Fotor_Collage

 

El sol salió en la tarde del pasado domingo 22 para acompañar la jornada cultural que reunió a decenas de grandes y chicos en la Plaza Bomberitos de Ramos Mejía, con motivo de recaudar alimentos no perecederos, ropa y zapatillas para los niños carenciados que asisten al merendero “Manitos Frías”, del Barrio San Javier de la localidad matancera de Virrey del Pino.

La animación estuvo a cargo de vecinos, artistas y jóvenes de “El Arrabal”, una agrupación cultural y social de zona oeste conformada por estudiantes de música de la escuela de Arte Leopoldo Marechal, según comentó una de ellas, Johanna. También participó un representante de Payasólogos sociales, Sebastián, quien explicó que su agrupación es de voluntarios que se suman a eventos solidarios en diferentes partes de la provincia.

Pero la verdadera protagonista de la tarde fue Bárbara Guchea, vecina matancera que conoce la pobreza de cerca y cuya vocación de ayudar la convenció de brindarle a los chicos una merienda caliente bajo techo, pero también un lugar de encuentro y contención.

“Me mueve la necesidad del barrio”

Así lo expresa Bárbara, madre de 7 menores de edad y cocinera de una escuela de Virrey del Pino, quien hace 3 meses inauguró el merendero Manitos Frías en el garaje de su casa, donde todos los martes y jueves concurren 55 niños al salir del colegio para tomar la leche, jugar y contar con apoyo escolar.

“Al principio tenía miedo pero, viendo la necesidad de mi barrio, me animé sin ninguna ayuda a darles lo que tenía. Hago bizcochuelos, tortas fritas, todo casero para abaratar costos –confiesa y agrega- Hace poquito terminamos el baño, pusimos la canilla para que se laven las manos. Estamos tratando de armar bancos, mesas… se hace difícil con tantos chicos”. Es por eso que, como argumenta, no publicita los servicios en el barrio ya que todo es a pulmón, cada paso es un esfuerzo.

Sin embargo, su sueño es mucho más grande: “mi proyecto a futuro es armar un comedor, organizar una ONG para trabajar en diferentes lugares de La Matanza”, para que “no haya un chico con hambre o con frío. Y voy a pelear hasta lo último, hasta donde pueda para que ellos tengan un mejor futuro”.

A la vez, invita a quien quiera puede acercar sus donaciones o simplemente sumarse al encuentro de cada tarde en el Km 38 de Ruta 3, en las calles Gelly y Bragado, manzana 65 lote 19, barrio San Javier.

Manitos frías, calor humano

“Viajé a mi infancia -confiesa Bárbara cuando se le pregunta por la razón del nombre del comedor, y relata con emoción- Tenía 7, 8 años y me acuerdo que en los recreos hacía mucho frío y nos juntábamos en un rincón del recreo a unir nuestras manos, para calentarnos porque no teníamos guantes, entonces nos dábamos calor. Y en las horas de clase rogábamos y contábamos los minutos para que llegue el recreo”.

Y ahora ese mismo calor se transmite a otras manitos con la esperanza de que otra generación tenga mejores recuerdos pese a la precariedad en la que vivieron. Así, ella recuerda: “Pasé por los momentos más feos, desde la caja PAN (Plan Alimentario Nacional de inicios de la presidencia de Alfonsín, que entregaba alimentos a familias carenciadas), a la olla popular, de ahí a pedir, a mendigar, a vender cosas usadas para poder subsistir con mis hermanos ya que mi mamá estaba sola”.

Las necesidades propias, las de todo el Partido

Como matancera y como madre, Bárbara observa que “la crisis que se está viviendo es muy grande y cada día se nota más, muchos despidos, mucha gente sin trabajo y esto se viene muy feo para el trabajador. Y lo están padeciendo las criaturas”.

La asistencia del Estado no alcanza, como algunos creen, según asegura y lo ejemplifica con el caso de una de las madres que lleva a sus hijos al merendero: “Ella sale con 7 a caminar para vender cosas en la calle, y ella cobra una pensión. Pero no alcanza, ¿si se le enferma un chico?”

Con la pasión con la que se expresa, apela a todos los vecinos: “Yo los invito a todos a que caminen La Matanza, que entren en los barrios más carenciados, barrio Nicole, barrio La Loma, barrio La Palangana, que baje la gente, que vea la necesidad que hay, para saber y sentirla.”

Un eslabón en una cadena de solidaridad

“No quiero política”, aclara la mujer y denuncia que ya se han acercado agrupaciones partidarias ofreciendo asistencia a cambio de apoyo político. En esto coincide con los chicos del Arrabal y Payasólogos, quienes reafirmaron que necesidad hay todos los días, en todos lados y siempre se puede ayudar de algún modo, “todos tenemos espíritu solidario, sólo hace falta activar”, como coincidieron Johana y Sebastián, los animadores del encuentro.

O en palabras de Bárbara: “Creo que esto es una cadena, y yo estoy armando un eslabón. Y creo que vamos a llegar muy lejos si nos unimos como personas, como seres humanos. Si vemos a un vecino que le faltan cosas, que uno se acerque. Es la única forma de subsistir a todo esto”.