jueves 13 diciembre, 2018
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“Estamos abandonados”, se quejan los vecinos del “puente fantasma” de González Catán

La obra se inició hace más de tres años, pero al poco tiempo fue paralizada. La estructura es utilizada como guarida de delincuentes. “No podemos salir de nuestras casas”, protestan.

El 7 de abril de 2014, obreros de la empresa Tecnipisos S.A. comenzaron a construir un puente sobre las vías del ferrocarril Belgrano Sur, en González Catán. Sin embargo, al poco tiempo, la obra fue paralizada. Tres años después, los vecinos siguen viviendo con una estructura de hierro y cemento a medio hacer frente a sus casas.

El puente en cuestión empezó a ser construido en la calle Coronel Conde 4.400, a seis cuadras de la estación de González Catán. El Ministerio del Interior y Transporte, por ese entonces a cargo de Florencio Randazzo, destinó la suma de $44.980.220,33 para que el Municipio ejecute la obra. Meses después, las edificaciones fueron frenadas y los más de 50 frentistas que viven en la zona comenzaron a padecer las consecuencias de convivir con un “puente fantasma”.

Una de las problemáticas más alarmantes, según los vecinos, es la inseguridad. Aprovechándose de la escasa iluminación y de la poca gente que circula por la zona, los delincuentes utilizan el terraplén abandonado como guarida. “Se esconden en el puente y, después, salen a robar. Lamentablemente, desde que abandonaron esto, aumentó muchísimo la inseguridad y ya no podemos salir de nuestras casas”, alertó Alex, vecino de la calle Conde, al aire de Entre Tanta Gente, por Radio Universidad.

Marcela, otra de las frentistas del barrio, relató a, El1 Digital, que, para evitar ser víctimas de la inseguridad, la gente debe pasar por la zona en grupos. “Estamos abandonados. Si no salimos todos juntos, nos roban seguro”, denunció.

Volver a vivir

Algunos vecinos están en contra de la construcción del puente y judicializaron el caso. Otros, no. Pero todos coinciden en que lo más importante es recuperar la vida del barrio, que vuelva a ser un lugar en donde los chicos jueguen en las veredas y las personas no tengan que interactuar y relacionarse con una pared de tres metros de por medio.

“No veo a mis vecinos, que viven en frente de mi casa, hace tres años. No estamos en contra de que terminen la obra, estamos en contra de vivir así, queremos volver a la vida normal, al barrio que era antes”, finalizó.