viernes 17 agosto, 2018
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Estudiantes de canto juntan donaciones para comedor de Casanova

Siete jóvenes matanceros se unieron para combinar lo que más los apasiona con la ayuda para los que más lo necesitan. “Descubrimos la realidad del lugar y nos propusimos trabajar de cara a sus necesidades”, comentaron.

 Desde el arte, desde el mensaje de una canción, desde una voz que penetra y se queda a cultivar amor, también se puede dar una mano, preocuparse y ocuparse por el que menos tiene, por el que ha sido olvidado, por aquel que poco importa en los números que maneja un Merval.

Así lo entendieron siete estudiantes matanceros de canto, que se han unido para alcanzar ayuda a los desprotegidos. Les quitaron horas al descanso, a la familia y al ocio, para armar una movida solidaria que tiene como destino el comedor Los Lobitos, de Isidro Casanova.

Musicarte es un grupo de estudiantes de 2° año del profesorado de canto de Tendencias Actuales, que se dicta en el centro cultural del Sindicato de Trabajadores Municipales de La Matanza, de San Justo. Ellos el próximo 3 de junio serán portadores de solidaridad cuando acerquen las donaciones para que cerca de un centenar de chicos puedan seguir teniendo un plato de comida caliente.

“Tendencias Actuales desde su nacimiento tiene una línea de solidaridad; en una clase que da el profe Jhonny (Jonatan Madrid) trabajamos la construcción del artista en cuanto a la emocionalidad, y él lo vuelca a trabajarlo en grupo y lo conecta en esto de ser un artista solidario. La idea es que con el arte, en este caso nosotros cantamos, bajar un mensaje de solidaridad”, cuentan Camila Peña y Vanesa de Legrine, dos integrantes del grupo y añaden: “El nos propuso, ya como grupo de segundo año, que desarrolláramos un proyecto que tuviera que ver con estas dos cosas: el arte y la solidaridad. A partir de ahí se debatieron muchas ideas en grupo y fue así que Nora Hernández, que es amiga de Mauro que es parte del comedor, nos fue hablando de las necesidades que había allí. De ese modo, definimos que no debíamos armar el proyecto desde nuestras necesidades sino buscar una necesidad y en base a eso ver qué proyectábamos. Descubrimos la realidad de Los Lobitos empezamos a trabajar de cara a esas necesidades del comedor”.

Y además se planteó el hecho de “no hacer lo que hiciéramos tan sólo una vez e irnos. La idea es de continuidad porque las necesidades persisten”, dicen.

Se dedicaron a trabajar, a golpear puertas a difundir como podían la movida solidaria. Fueron encontrando respuestas y de a poco conocieron el terreno. “Fuimos a conocer el lugar, llegamos más temprano y no había nadie todavía. Pero, varios chicos estaban jugando en la canchita de enfrente, y vinieron a preguntarnos si íbamos al comedor. Así todos se activaron para llamar a los chicos que trabajan en Los Lobitos. Estaban felices”‘, se emocionan Camila y Vanesa.

Pese a todo, Camila admite que algo le duele. “Me pasó que fui a conocer el lugar, lo hice con entusiasmo, con actitud de hacer cosas, pero a la vez me fui con bronca. Y mucha gente no me entendía, me decía pero no te das cuenta que ahora tienen que gente que los puede ayudar. Pero, en realidad, ese lugar no debería existir”.