sábado 17 noviembre, 2018
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LA ANTIGUA “PULPERIA DE LA LOMA”

Mirando los mapas catastrales de mediados de siglo XIX se aprecia que las tierras donde se fundaría el pueblo de Rafael Castillo pertenecían casi en su totalidad a la familia Irigoyen-Posse.

Dentro de esta basta porción de la finca de 115 varas de frente por legua y media de fondo,  cercano al antiguo casco de la chacra de la familia Blanco, a la vera del camino vecinal (hoy avenida Polledo), que era el principal camino de la época junto con el camino de Burgos (hoy avenida Don Bosco), se ubicaba el primer comercio documentado que encontramos en estas tierras: la “Pulpería de la Loma”.

Hacia 1820 existían 500 pulperías en la provincia de Buenos Aires. Estas “esquinas de campo” como se las llamaban por entonces nacieron en el siglo XVI como almacenes y sitos de reunión social en la inmensidad pampeana.

Las pulperías encierran dentro de ellas las costumbres criollas en su máxima expresión: fueron cobijo para las más tradicionales y cotidianas escenas de la gente humilde del campo, de trabajadores, gauchos y viajantes. Fueron hasta inicios del siglo XX el establecimiento comercial típico de las regiones rurales del Virreinato del Río de la Plata. No se sabe bien el origen de la palabra “pulpería”. Para algunos, se remonta a la venta de pulpos, ya que los primeros dueños eran gallegos. Otros lo asocian a la pulpa, la carne sin hueso. Además, “pulpear” significaba “comer hasta hartarse”.

Más allá de los misterios de la etimología, las pulperías fueron escenario preferido de pintores y escritores rioplatenses. Por ejemplo, inspiraron varios dibujos de Florencio Molina Campos, también Prilidiano Pueyrredón  las retrató en sus pinturas. José Hernández la inmortalizo en su poema gauchesco “Martín Fierro”. Entre otros “vagos y malentretenidos”, recreados por Eduardo Gutiérrez en sus folletines contaba las andanzas de Juan Moreira en ellas.

Esta antigua pulpería matancera estaba conformada según la sucesión de Matías Irigoyen dentro de un terreno bastante amplio con un cerco perimetral con postes de ñandubay intercalados con otros más cortos pintados de blanco y 6.732 varas de alambrado de tres hilos, que lo separaban de sus vecinos, estos eran: Esquiro, los herederos de Merlo, Merino, Delfino y por el frente los dueños del lugar. En la actualidad este predio estaría delimitado por las calles Polledo, Estanislao del Campo, Bazurco y Carlos Casares. Como se podrá observar era bastante grande la extensión de terreno y justamente al estar donde el terreno presenta una elevación poco usual para la zona, le daba merecidamente el nombre de “la lomada”. Además su frente daba al “camino vecinal” o “camino de la tropa” (actual Polledo) que conectaba las inmediaciones de Cañuelas con los corrales de Mataderos en la ciudad de Buenos Aires.

Lo cierto es que en dicho documento hace un minucioso detalle del lugar y describe que la pulpería estaba compuesta de tres piezas de material con ramadas y tejas francesas, una cocina y un galpón, todos sin revoque. Además se describe que el techo del corredor era de fierro y había un pozo de agua con pilares. En cuanto a los árboles que había en los alrededores de la pulpería se describen 58 plantas grandes de paraísos (Melia azedarach).

Por último, cabe destacar, con cierto carácter de interés, que esta antigua e histórica edificación de la que hoy sólo queda el recuerdo está presente en el escudo oficial de la ciudad de Rafael Castillo. La misma se la representa con la fachada y sus clásicas rejas, pintada de color rojo haciendo alusión una reminiscencia rosista. Zócalo amarillo por el valor nostálgico.

Leonardo Racedo 

Investigador-Historiador