lunes 20 agosto, 2018
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Los Lobitos, un emporio de solidaridad y pertenencia

“Desde que llegamos tratamos de darle algo más  al lugar y empezamos a hacer actividades a la tarde para que dejen la calle y  haya mayor contención”, reflejó Mauro Gutiérrez, uno de los pilares del espacio por el que pasan unos 70 niños de escasos recursos de la zona de Isidro Casanova.

En Esquiro y El Lazo, a dos cuadras de Carlos Casares, dominios de Isidro Casanova, se levanta un emporio de solidaridad, en donde estirar la mano hacia el que más necesita, al desprotegido, al que está urgido de esperanza son mandamientos populares. Allí, se ubica el comedor y merendero Los Lobitos, lugar en el que un grupo de jóvenes y mujeres abnegadas hacen que su tiempo rinda. Sin embargo, Los Lobitos no se queda en el plato de comida. “Intentamos darle un lugar de pertenencia a los pibes del barrio”, dice Mauro Gutiérrez, uno de los pilares de la actividad y agrega: “La idea es que en los Lobitos no sea sólo un plato de comida”.

“Por lo que me cuentan los chicos, antes iban sólo a comer al mediodía. Desde que llegamos nosotros tratamos de darle algo más al lugar. Nadie tenía sentido de pertenencia con el lugar en el que comían; se levantaban y se iban. Estaban el resto del día en la calle o en la placita y la cancha de fútbol de enfrente. Así es que empezamos a la tarde hacer actividades, como apoyo escolar, que pinten su nombre en la pared y dejen la calle para estar más contenidos”, refleja Mauro, quien refiere que el comedor fue fundado “por el abuelo de uno de los chicos que hoy viene al comedor. Y se llama así porque el señor que lo fundó era Lobos de apellido”.

Eran unos 25 chicos a mediados de 2015, pero hoy suman 70 niños anotados, “no vienen todos los días, pero nos manejamos con 40 por día y hay que sumarle que vienen a pedir comida abuelos y chicos del barrio”, cuenta Mauro y prosigue: “Lamentablemente tenemos que seguir abiertos, y ahora le sumamos el sábado la copa leche. Y también en las vacaciones”.

Hace dos años, Mauro Gutiérrez llegó a Los Lobitos y a partir de allí, estudiantes y docentes se sumaron al trabajo solidario. “Hace unos años tuve el primer contacto con un comedor en el barrio Las Achiras y de allí me quedó las ganas de trabajar en actividades barriales. Estudiando el profesorado de Historia en el Instituto 82 de Casanova me enteré de Los Lobitos y cuando vine ya no me pude ir”, define el vecino de San Alberto y Presidente del Centro de estudiantes de esa entidad.

Mauro cuenta que la “merienda está cubierta porque Desarrollo Social de la Municipalidad nos baja 40 kilos de leche en polvo y para la comida tenemos las raciones que manda en el municipio y todo lo que aporta la gente por suerte. Así a los chicos se les hace pollo, tarta, milanesas, verdura”.

Y para el cierre deja un deseo. “Un día me preguntaron qué quería para el comedor. Y dije que lo cierren”, asegura y explica: “Yo no quisiera estar acá haciendo esto. Si todo funcionara como debiera no habría necesidad de que estemos haciendo esto.No nos damos cuenta de eso, pero en Los Lobitos tratamos de que no sea sólo un lugar para comer para los chicos, sino que le damos continuidad al estudio”.