martes 11 diciembre, 2018
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Medicina cardiometabólica como método de prevención en diabetes

Día Mundial de la Diabetes – La nueva especialidad busca entender el origen de las lesiones para diagnosticarlas lo antes posible y poder actuar para prevenirlas, estudiando la interacción entre los procesos metabólicos y los cardiovasculares.

Cada 14 de noviembre se celebra el Día Mundial de la Diabetes con el fin de concientizar e informar sobre esta enfermedad. La diabetes surge cuando el páncreas no produce insulina suficiente o cuando el organismo no utiliza eficazmente la insulina que produce. La insulina es una hormona que regula el azúcar en sangre. El efecto de esta enfermedad no controlada es la hiperglucemia (aumento de glucosa en sangre), que con el tiempo daña gravemente muchos órganos y sistemas, especialmente los nervios y los vasos sanguíneos.

“Es una enfermedad con una prevalencia cada vez más acentuada a nivel mundial, según previsiones afectará a más de 592 millones de personas en 2035. En la actualidad, se estima que más de 425 millones de personas la padecen. Aproximadamente el 95% de los casos son diabetes tipo 2, que por ciento en su mayoría se pueden prevenir mediante la actividad física regular, una dieta sana y equilibrada y la promoción de entornos saludables”, explica el Dr. Carlos Reguera, médico cardiólogo y Jefe del área de Medicina Preventiva y Cardiología de INEBA.

En la sociedad occidental se observa desde hace algunos años un aumento progresivo de los casos de diabetes en adultos, vinculado a hábitos alimenticios equivocados, sedentarismo y sobrepeso, entre otros factores contribuyentes. La estrecha vinculación entre la diabetes y la enfermedad cardiovascular hace necesaria la conformación de un consultorio específicamente dedicado a esta patología con el fin de contribuir a su efectivo control.

La medicina cardiometabólica es la conjunción de varias especialidades, la misma busca entender el origen de las “lesiones” para diagnosticarlas lo antes posible y poder actuar para prevenirlas, estudiando la interacción entre los procesos metabólicos, cardiovasculares y sus consecuencias en la inflamación vascular, el estrés oxidativo y la disfunción endotelial.

“Lo que más afecta la salud cardiovascular son los clásicos factores de riesgo: hipertensión, tabaquismo, colesterol y la hiperglucemia, más conocida como diabetes. Estos producen daño vascular progresivo, mediante tres fenómenos fisiopatológicos (inflamación vascular, estrés oxidativo y disfunción endotelial). Aunque en estadios avanzados aparece un cuarto fenómeno que es la activación plaquetaria, razón por la cual el paciente está predispuesto a presentar un infarto de miocardio o accidente cerebrovascular”, comenta el especialista.

La medicina cardiometabólica se anticipa al problema, predice el riesgo con exactitud y lo hace – no como se hacía antes con riesgo de probabilidad – sino de manera objetiva, con datos personalizados; diagnostica el evento precozmente y los trata más enérgicamente.

“Esta especialidad se apoya mucho en la genética y en el riesgo familiar. Es una medicina personalizada y precisa. A diferencia de la medicina convencional que está volcada en el enfermo con riesgo cardiovascular, la medicina cardiometabólica trata a pacientes para disminuir el riesgo en quien pueda tenerlo, envejeciendo de manera saludable. Su foco es la salud, no la enfermedad”, comenta Reguera.

Es por ello que su aplicación está indicada preferentemente para personas con antecedentes familiares de infarto precoz (con menos de 50 años), mujeres en el período previo a la menopausia que, además, tengan riesgo familia, personas con familiares diabéticos de primer grado, con hipertensión o colesterol alto y, por último, los fumadores, sobre todo si tienen asociados otros factores de riesgo cardiovascular.

Desde INEBA aseguran que la diabetes es uno de los principales factores de riesgo cardiovascular en el mundo. En nuestro país, se estima que 1 de cada 10 personas mayores de 18 años padece diabetes y al menos el 60% de ellos no alcanzan los objetivos de control glucémico recomendados.

Si bien esta enfermedad no posee cura, ofrece la posibilidad de un tratamiento que ayuda al paciente a prevenir posibles complicaciones, que incluye controlar periódicamente los niveles de azúcar, prestar atención al estilo de vida y evitar el sedentarismo, cuidar la alimentación, no fumar o tomar alcohol, dormir 7 u 8 horas por día y reducir el estrés.