sábado 16 diciembre, 2017
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Una amistad a la altura de la escalada deportiva

Nahuel Gómez y Matías Mendoza se conocieron ascendiendo y descendiendo muros. “Se arman buenos grupos a partir de la buena onda, ya que dependemos de otro para escalar”, remarca Nahuel.

Superación, satisfacción, desafío. Son tres sensaciones que generan una especial adrenalina en Nahuel Gómez y Matías Mendoza. Se trata de dos jóvenes que acunan sueños en Ramos Mejía y que han elegido canalizar sus energías en la Escalada deportiva, que tiene como hábitat los muros de escalada y la propia naturaleza. “Algunos lo toman como hobby, otros como competencia pura, que a su vez tienen diferentes grados de complejidad. De todos modos, es de alta competencia”, explica Matías Mendoza, de 18 años.
“Veo la escalada como una forma de superarme día a día, física y mentalmente. Es una actividad que da una sensación de satisfacción incomparable, y cada desafío es más duro y más divertido que el anterior”, afirma con entusiasmo Nahuel Gómez, quien agrega: “Y escalar en la roca, en la naturaleza, subiendo cada vez más con el silencio, el paisaje y el aire fresco alrededor, hace que los esfuerzos del entrenamiento y las ocasionales frustraciones se vean sobradamente recompensados”, cuenta Nahuel Gómez, de 19 años.
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Cada uno tuvo su forma de llegar. Y la cuentan. Matías arrancó a los 15 años: “Un médico me lo recomendó, porque quería mejorar la masa muscular. Hacía de todo, atletismo, básquetbol, tenis, pero no agrandaba el físico. Y este médico me recomendó ir al muro para desarrollar la masa muscular. Así llegué al Club Ramos Mejía, que tiene un muro en la planta alta”, dice el menor de los dos. Nahuel también llegó a los 15. “Me llamó un amigo, era invierno. Probé, me gustó y en el verano me largué solo en el muro”, afirma Nahuel Gómez.
Lo cierto es que en el muro del Club Ramos Mejía se encontraron, en donde se entrenan. Y hoy son casi inseparables. “En la escalada hicimos amigos, de hecho somos más o menos los mismos en las competencias que se hacen”, apunta Matías, mientras que Nahuel dice: “En el muro se arman buenos grupos, a partir de la buena onda, ya que dependemos de otro para escalar”.
Si bien coinciden en la pasión, a la hora de escalar cada uno tiene su libreto, quizás marcado por el biotipo de ambos y por las características físicas. “Nahuel para llegar a una marca 8A (NR: grado de dificultad), prefiere hacerlo en 10 metros, que representa una dificultad mayor, en cambio yo para llegar a esa misma marca opta por hacerlo en 40 metros, que significa menos dificultad, pero más extensión”, explica Matías Mendoza y Nahuel apunta: “Quizás yo tengo más elasticidad y velocidad, en cambio Matías tiene la resistencia y la potencia como dos de sus principales puntos fuertes”.
Desafío
Sin embargo, Nahuel Gómez, en el pasado mes de enero del corriente año, afrontó un nuevo desafío y realizó una marca en Punta Parda, Chubut, zona de cordillera. Allí logró un 8 A, mientras que hoy Matías Mendoza está apenas un escalón abajo con un 7 C. Es decir casi juntos, como en el muro, como en cada intento de una escalada.