martes 23 octubre, 2018
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Una escuela logró que Almirante Brown no juegue más partidos en horario de clases

Es un reclamo de larga data. Así, buscan evitar inconvenientes con los 400 chicos con Trastorno del Espectro Autista que asisten a la institución San Martín de Porres.

Durante dos años, padres y directivos del colegio San Martín de Porres, ubicado en Estocolmo 2.446, Isidro Casanova, hicieron llamadas, enviaron reclamos y golpearon puertas en busca de una respuesta ante su pedido: cambiar la organización de los partidos de “La Fragata” y que en lugar de jugarse durante días hábiles, los encuentros se disputen los fines de semana ya que esta planificación afectaba el desarrollo de la actividad de la institución.

En diálogo con El1 Digital, el coordinador general de la entidad educativa, Claudio Hunter Watts, comentó “Teníamos los partidos de Almirante Brown, que está situado a dos cuadras de donde estamos localizados. Estos encuentros sucedían durante la semana y en horario laboral; cada vez se iban haciendo más temprano, lo que implicaba que el operativo de seguridad que la Policía de la Provincia nos invitaba a hacer una evacuación de la escuela debido a la peligrosidad de los encuentros y al cierre de calles”.

Los días de partido, cerraban las calles aledañas y comenzaban los inconvenientes “Nosotros tenemos un alto nivel de camionetas, servicios contratados de trasportes, que trasladan a los casi 400 chicos a sus domicilios ya que viven por extensos lugares de la provincia de Buenos Aires”, describió.

En línea con esto, Hunter Watts relató que “esto se hacía muy dificultoso, los chicos venían a las nueve de la mañana a la institución y tenían que retirarse apenas concluido el almuerzo, que cada vez era más temprano. Entonces, sus actividades se veían coartadas con el grave inconveniente que significaba avisarles a las familias que ese día había partido y esto trastocaba cualquier esquema normal”.

Muchas eran las complicaciones que les producía a los niños sacarlos de su rutina diaria, tal es así que “las conductas de muchos de ellos tendían a ser explosivas, sobrevenían conductas heteroagresivas que iban contra el transporte, cuando llegaba a sus casas contra sus padres o tenían conductas autolesivas muy fuertes que se incrementaba la frecuencia”. Y esto, el especialista contó que se debe a que “gran parte de la vida que tienen ellos está restringida a la institución”, explicó el coordinador.

Pero, después de tanta lucha, tuvieron respuesta. Silvia Moscoso, la madre de dos niños que concurren al colegio de educación especial de Isidro Casanova, comprometida también en la causa, consiguió una cita con el director de Aprevide -Agencia de Prevención de la Violencia en el Deporte-, Juan Manuel Lugones. “Junto a ella y otras madres concurrimos al lugar y allí el titular del organismo prometió una solución”, relató Watts.

La promesa fue un hecho y pudieron contar con la resolución: “Esto se concretó. Ya estamos sin partidos los días de semana y podemos desarrollar normalmente nuestra actividad”.

Finalmente, el licenciado en psicología, Hunter Watts, confió que “los padres están enormemente agradecidos con el logro este. Es una historia con final feliz porque el final feliz implica poder trabajar y poder educar a chicos que realmente lo necesitan”.