domingo 17 octubre, 2021
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A 45 años de la Noche de los Lápices, la APDH recuerda a las víctimas y su lucha

Pablo Pimentel, referente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos local rememoró los diferentes acontecimientos que tuvieron lugar la noche del 16 de septiembre de 1976, donde efectivos golpearon, torturaron y secuestraron a estudiantes secundarios que reclaman mejoras estudiantiles.

En la noche del 16 de septiembre de 1976, un operativo de la policía bonaerense y el batallón 601 del servicio de inteligencia del Ejército secuestró a diez estudiantes de una escuela secundaria en La Plata, que militaban en una organización estudiantil, la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), y pedían por el boleto universal y gratuito, entre otros reclamos. No obstante, los uniformados los relacionaban a otras organizaciones que combatían la dictadura cívico-militar, tras el golpe de Estado del 24 de marzo. Cuatro de los adolescentes fueron liberados, pero del resto aun no hay rastros. Recién en 2005 fueron juzgados por el hecho Miguel Etchecolatz, Valentín Pretti, alias «Saracho», y el ex cabo de la Bonaerense Roberto Grillo, en los denominados “Juicios por la verdad” y todos fueron condenados. A 45 años de este hecho, desde la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos local (APDH) recuerdan el episodio, a las víctimas y la lucha de los jóvenes.

En comunicación con El1 Digital, Pablo Pimentel, referente de la APDH, rememoró: “Este aniversario, en lo personal, me toca muy de cerca porque a los 16 años, en el año 1973, me tocó asumir un rol en la Unión de Estudiantes Secundarios en el colegio Dr. Mariano Echegaray, de Ciudad Evita. La Noche de los Lápices se denominó así porque esa noche fueron a buscar a estudiantes secundarios de entre 15 y 17 años, menores de edad, militantes, todos pertenecientes a esta Unión, con el fin de acallar la voluntad de esa juventud que quería cambiar el mundo”.

“Solo querían un mundo de igualdad y de libertad para todos, luchaban por el boleto estudiantil, pero esa fue una de las luchas que sin dudas nos caracterizó a los que en aquella época teníamos esa edad, ellos hoy tendrían que estar con nosotros, sin embargo, están en calidad de detenidos desaparecidos”, lamentó.

Según relató Pimentel, el reclamo por un boleto estudiantil era parte de una batería de reclamos que se querían visibilizar. “Se luchaba por mejorar los colegios, por ejemplo, una de las actividades que hacíamos todos los que militábamos dentro de la Unión era instar a los compañeros para armar jornadas de trabajo para el mantenimiento de los colegios del Estado, así, se pintaban las escuelas, se mejoraban los mobiliarios. Además, estos compañeros, que hoy no están, iban a alfabetizar, los fines de semana, a las barriadas de La Plata, pero lo mismo ocurría en los distintos partidos del conurbano bonaerense como en nuestro Partido, en Merlo, Moreno y Morón”, señaló.

“A la historia reciente de nuestra Argentina le falta una dirigencia lúcida, transparente, ética, valiente y revolucionaria, si bien, algunos eligieron el camino de las armas, otros optamos por la militancia activa pacífica no violenta, pero tan efectiva como cualquier otra. Lamentablemente, hoy ellos no están, los hicieron desaparecer, los torturaron, los mataron, les robaron los hijos y nos robaron un futuro cierto a un país y a una región”, expresó Pimentel.

Los lápices siguen escribiendo

La historia con los detalles del operativo fue difundida por primera vez en detalle durante los juicios a las Juntas Militares en 1985, en el gobierno de Raúl Alfonsín, en plena recuperación democrática. La noche del 16 de septiembre, los uniformados irrumpieron en el departamento donde vivía la familia Ungaro, en la ciudad de La Plata, y secuestraron a Horacio Ungaro, de 17 años, junto a su amigo Daniel Alberto Racero, luego fueron secuestrados Claudio De Acha, María Clara Ciocchini, María Claudia Falcone y Francisco López Muntaner; sumado a esto, el 17 de septiembre, los efectivos apresaron a Emilce Moler y Patricia Miranda. Cuatro días después, fue detenido Pablo Díaz y una semana antes habían secuestrado al estudiante Gustavo Calotti.

Más tarde, fueron conducidos al centro clandestino de detención «Arana», donde fueron torturados durante semanas, y se los trasladó al Pozo de Banfield. Moler, Díaz, Miranda y Calotti recuperaron la libertad, en tanto los seis restantes permanecen desaparecidos. Años después, durante el juicio testificaron Díaz y Moler, es decir, dos de las víctimas; mientras que Valentín Pretti y Roberto Grillo reconocieron que los jóvenes fueron asesinados y cremados, pero nunca confesaron el destino de los restos.