lunes 13 julio, 2020
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A cien días del inicio del aislamiento, un balance de la lucha contra un enemigo invisible

El pico se acerca, afirman las autoridades y piden más esfuerzos. Mientras, los comercios y muchos trabajadores exploran otros rubros para garantizar al menos una parte de los ingresos que han perdido. Las organizaciones sociales tejen redes de contención en los barrios junto con el Estado. A la vez, aparecen algunas tareas por mejorar: detectar de manera temprana, aislar y rastrear contactos estrechos. Opinan: Ricardo Teijeiro, Adolfo Rubinstein, Carolina Brandariz, Sandra Oviedo, Juan Carlos Alderete, Patricia Cubría, Marta Márquez, Jorge Yabkowski y Romina Del Plá.

Cien días. 2.400 horas. 144.000 minutos. Ese es el ti  empo que pasó desde el 20 de marzo, cuando comenzó a regir el aislamiento social, preventivo y obligatorio que el Presidente Alberto Fernández había anunciado horas antes. En ese período, debieron lamentarse 1.192 muertes por COVID-19.

Al momento de dar a conocer la medida, Fernández planteó: “Nadie puede moverse de su residencia, todos tienen que quedarse en sus casas”. “Esta medida la hemos tomado tratando de que los efectos de la economía sean los menos dañinos posibles”, resaltó. En un primer momento, el consenso fue central. Fernández, fiel a su estilo dialoguista, convocó a distintas figuras del arco político para conseguir su apoyo. Las voces en contra, en aquel momento, era marginales.

Una frase pronunciada desde un primer momento por Alberto Fernández parece ganar espesor y llenarse de sentido día a día: “El aislamiento es la única vacuna”.

Inmediatamente, comenzaron a viralizarse las fotos de hospitales de campañas, los anuncios sobre la creación y el reacondicionamiento de distintos centros de salud. Era evidente, el rápido acuerdo con distintos sectores en relación a una medida que iba a afectar seriamente la economía pero que buscaba, literalmente, “causar el menor dolor posible” -como señaló Fernández-, era parte de un escenario que buscaba adelantarse a un oscuro panorama.

Hoy, cien días después, existen algunas encrucijadas. La principal se encuentra, justamente, vinculada a una virtud. Es un hecho, Argentina se adelantó al impacto. El reciente alargamiento de la cuarentena en el AMBA, donde se concentra el 97 por ciento de los contagios, viene aparejado con un desgaste que se hace sentir de distintas formas en los diferentes sectores.

Sin embargo, solo un argumento le basta al oficialismo, aunque sería un error señalar que la medida es únicamente reivindicada por el Gobierno, para resaltar la eficacia. Y, para observar esto, solo hay que levantar la cabeza y observar a Brasil. Allí, donde el Presidente Jair Bolsonaro cambió a su ministro de Salud en plena pandemia y minimizó los efectos de la enfermedad caracterizándola como una “gripecita”, las muertes, al 25 de junio, según la OMS, eran 53.830. Italia, utilizando el mismo recorte temporal, registraba 34.678. España, 28.330. Y Alemania, reconocida mundialmente por el manejo de la enfermedad, 9.927.

Ahora bien, como se dijo anteriormente, el impacto en la economía es indiscutible. Las estimaciones oficiales del FMI en el caso argentino señalan un retroceso de 9,9 puntos, una cifra histórica, sí. Pero ¿la estrepitosa caída tiene que ver con lo que a esta altura es una de las cuarentenas más largas de mundo?

La respuesta está lejos ser sencilla, como parecería en un primer momento, para realizar una afirmación categórica. Y, para eso, solo basta volver a levantar la cabeza y mirar al país vecino. Según las estimaciones del FMI, la caída carioca sería del 9,1 por ciento de PBI. En los casos de Italia y España, el organismo internacional calculó una reducción del 12,8 por ciento. Una respuesta, que parece más bien una distinción propia del lenguaje pero que se ajusta a la realidad, se muestra como una salida para comprender esta encerrona: la crisis económica global está más vinculada a la pandemia que al confinamiento.

Un poquito más (o nada es para siempre)

Ricardo Teijeiro, médico infectólogo del Hospital Pirovano de la CABA e integrante de la Sociedad Argentina de Infectología señaló a este medio que la cuarentena les permitió a las autoridades “ir viendo el crecimiento gradual de la circulación viral”. “Nos permitió también poder redefinir el sistema sanitario, adecuarlo, proponer nuevas maneras de atención para los pacientes sospechosos que ingresen al hospital para no correr riesgos. Se consiguió, además, que se incrementen las camas críticas durante todo este tiempo”, amplió.

Para el especialista, las recientes medidas en las que se aumentaron las precauciones buscan descomprimir la tensión en un momento en que se va a producir la “mayor cantidad de casos”, que será “en las próximas dos semanas”. “Después, se va a hacer una meseta. Pero esta meseta se va hacer dependiendo de cuál es el techo. Porque, si se hace con 2.300 casos, como es ahora, sería una situación manejable. Pero, si esto sigue en ascenso, el sistema sanitario realmente va a ir colapsando”, pronosticó.

Teijero también se refirió al creciente desgaste que, curiosamente, parece ser inverso a los picos de la curva de contagios: “Lo negativo es, obviamente, el hecho de que la gente se va agotando. La gente necesita salir, hacer actividad, necesita el contacto social, el contacto con un familiar. Eso es algo realmente negativo que le pasó a todo el mundo. Nadie puede hacer nada para mejorar eso en los momentos de pandemia. Sí podemos trabajar fuertemente en cómo llevamos adelante este último período. Porque, después de esto, la pandemia va a ir decreciendo, y en algún momento cae”.

Sí, pero no

El extitular de la Secretaría de Salud de la Nación, que fue degradada a ese rango durante la gestión de Mauricio Macri, se mostró conforme al momento de realizar un balance del aislamiento y del momento en el cual fue resuelto. “Las medidas que se tomaron fueron oportunas y tempranas, fue una decisión apropiada porque, en su momento, no se conocía bien cuál podría ser el impacto en nuestro país, sobre todo con lo que sucedía en España e Italia, donde la cosa estaba muy brava”, valoró.

El exfuncionario coincidió con Teijeiro: “La decisión de una cuarentena tuvo como objetivo preparar mejor al sistema de salud que estaba muy al límite y, sobre todo, mejorarlo para enfrentar y dar una buena capacidad de respuesta en el caso de que se desbordara, por eso se aumentaron las camas de terapia intensiva y se compraron respiradores (se consiguieron 2.000, según informó Fernández en su última aparición pública)”.

“Lo que no se hizo fue preparar una buena respuesta comunitaria, orientada a preparar equipos de atención primaria para bloquear los focos inmediatamente producidos. Es decir: detección temprana de los casos, aislamiento y rastreo de contactos y, por último, bloqueo de los focos. Esto no se hizo porque no había tests y no había tests porque no se compraron al principio, cuando se debieron haber comprado”, subrayó el exsecretario de Salud.

Para detectar y para cuidar al barrio

Por su parte, Carolina Brandariz, directora de Cuidados Integrales del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, hizo un balance positivo de los cien días de aislamiento. “Hemos hecho un esfuerzo enorme como país y eso ha arrojado un resultado que es muy observable respecto de la cantidad de fallecidos producto del COVID-19 que, en comparación con cualquier otro país que no ha tomado medidas de las mismas características, es realmente muy notoria. Hemos salvado vidas. Hemos priorizado la vida de muchísimos argentinos y argentinas haciendo un esfuerzo enorme y colectivo”, ponderó.

“Por otro lado, los resultados económicos, la caída del PBI y el aumento de la pobreza, que son consecuencias de la pandemia, no pueden plantearse como responsabilidad de la medida de aislamiento como algunos periodistas dicen. Más bien, cualquier país que observemos que fue atravesado por la pandemia arroja una caída en el PBI y un aumento en la pobreza por más que no haya tomado las medidas como las que tomamos”, analizó.

En relación a las palabras de Rubinstein, Brandariz sostuvo que “se podría haber mejorado la articulación entre programas preventivos como fue El barrio cuida al barrio con el programa del Ministerio de Salud Nacional: el DETeCTAr; que, en general, lleva infraestructura del sistema provincial o del sistema local”.  “Se podría haber articulado mejor porque, la mejor manera de evitar el contagio comunitario es el aislamiento de manera rápida de casos positivos. Si bien se hizo mucho en esa dirección, se podría haber mejorado aún más y estamos a tiempo de hacer los ajustes necesarios para garantizar el aislamiento”, enfatizó.

El programa El barrio cuida al barrio se propuso, entre otras cosas, erradicar ciertas prácticas instaladas históricamente, para evitar los contagios y, además, fomentar el cuidado comunitario, entre otros aspectos. El trabajo territorial fue fundamental en este aspecto. Y, en esos sitios, donde las demandas históricas por la falta de la llegada del Estado se incrementaron sensiblemente en los últimos cuatro años, la presencia de las organizaciones sociales fue central.

Las organizaciones cuidan al barrio 

“Al comienzo de la cuarentena, los compañeros y compañeras de Somos Barrios de Pie siguieron asistiendo a los comedores y merenderos de manera habitual, ya que, en ese momento, no hubo un aumento de la asistencia. Con el correr de los días, la situación se complicó debido a que se sumaron a la asistencia vecinos y vecinas que tenían trabajo pero la pandemia los afectó”, explicó Sandra Oviedo, referente de ese movimiento y funcionaria de Desarrollo de la Comunidad en la Provincia en comunicación conEl1 Digital.

Por otro lado, y con el objetivo de cuidar a los adultos mayores, empezaron a llevarles viandas hasta sus casas. “Y, además, en este último tramo, las promotoras de salud comunitaria del movimiento acompañaron el desarrollo del programa DETeCTAr porque son ellas las que habitualmente están en los barrios”, recordó. Actualmente, Somos Barrio de Pie cuenta con 200 comedores y merenderos en La Matanza. “Al inicio del aislamiento, se daban en promedio 140 porciones diarias. Esto se incrementó en los últimos dos meses a 450 raciones por día en promedio en cada espacio”, detalló.

Oviedo resaltó una arista que marcó la diferencia en muchos puntos del país: el Estado, gracias al trabajo histórico, la experiencia y el conocimiento territorial ha podido referenciarse en las organizaciones para realizar un trabajo mancomunado.

Por su parte, Juan Carlos Alderete, diputado nacional y referente de la Corriente Clasista y Combativa destacó que, desde un primer momento, propusieron un Comité de Crisis compuesto por estos espacios, entre otros sectores. “En muchos lugares se ha logrado articular con las autoridades sanitarias y políticas, donde nosotros aportamos datos muy importantes para el sistema sanitario y para el poder político del lugar, porque muchos barrios están abandonados por el Estado hace años”, destacó.

En esta dirección, Patricia Cubría, diputada provincial y referente del Movimiento Evita, recordó que, desde su espacio, apoyaron la cuarentena desde el inicio: “La decisión política del presidente Alberto Fernández fue tomada a tiempo y evitó cientos o miles de muertos”. “Lo que está doliendo cada vez más es la crisis económica que venimos acarreando. Estábamos con el impulso de intentar salir de un modelo neoliberal que nos había empobrecido, que nos había llevado a vivir nuevamente situaciones de hambre en donde más de la mitad de los niños estuvieron bajo la pobreza y la indigencia, hasta que llegó la pandemia”, lamentó.

Para Cubría, la pandemia dejó en evidencia situaciones que marcarán (y marcan) la agenda: “Dentro de lo malo, lo positivo de todo esto es que la cuarentena dejó al desnudo todas esas desigualdades e injusticias que hace años venimos planteando quienes militamos en los barrios humildes en el territorio. Y, hoy, estamos pudiendo encontrar herramientas del Estado para intentar paliar la situación”, sumó.

A pesar del hermetismo que caracteriza a la gestión local actualmente, desde el Ejecutivo matancero sostuvieron que “la cuestión social está siendo muy contenida por todos los actores que participan junto al intendente (Fernando Espinoza) en el Comité de Crisis y, fundamentalmente, desde las áreas sociales y sanitarias”. “Más que nada, en todos los barrios, con la cuestión alimentaria, se está tratando de cubrir la mayoría de las situaciones y las demandas”, subrayaron. “Con respecto al cumplimiento de la cuarentena, entendemos que, luego de una gran cantidad de días, se complejiza el sostenimiento de la misma; directamente por la misma cuestión social y por alguna cuestión económica que va apremiando cada vez más. Pero lo prioritario es la vida”, reflexionaron.

La primera línea: los guardapolvos blancos

“A cien días de la cuarentena, tenemos una situación epidemiológica complicada, a pesar de los esfuerzos del aislamiento social, preventivo y obligatorio”, señaló Jorge Yabkowski, secretario general de la Federación Sindical de Profesionales de la Salud de la República Argentina (FeSProSA). Además, resaltó que, actualmente, debido a las patologías propias del invierno, aumentará la ocupación de las camas; algo que suele ocurrir, históricamente, entre julio y agosto.

En esta dirección, planteó que hay variables estables y otras que no los son. A las 8.000 camas de alta complejidad, se ha conseguido llevarlas a 10.000. “Pero no sabemos qué puede suceder con el crecimiento de otros problemas: el avance de los contagios, de la patología en los profesionales de la salud y si vamos a tener personal para estas 10.000”, completó.

Marta Márquez, presidenta de la Comisión Interhospitalaria del Conurbano y la Provincia de Buenos Aires (CICOP) indicó que, en los últimos días, “la cuarentena se fue flexibilizando”. “Algunas de las medidas creemos que no fueron las correctas: los (trabajadores) no esenciales están en un contexto muy complejo, con una economía muy complicada”, agregó. “Desde el punto de vista sanitario, estamos en un tiempo en que se suman los casos y las personas fallecidas día a día”, resaltó y adelantó que se avanza “hacia un punto donde habrá una ocupación más plena de las terapias intensivas”. “No se ha dotado de personal a los nosocomios y tenemos compañeros de salud contagiados”, lamentó.

Los otros guardapolvos blancos también están en una compleja situación. “En cuanto al ámbito educativo, estamos en un momento difícil. Esto se ve en los problemas que hemos tenido para sostener la entrega de los alimentos cuya demanda, por cierto, se ha incrementado notablemente. Por eso, hemos reclamado que se garantice la asistencia alimentaria a toda la matrícula. Si bien, de apoco, algunos cupos se han ido incrementando, todavía sigue siendo insuficiente”, problematizó Romina Del Plá, diputada y titular del Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires en La Matanza (SUTEBA). Además, hizo hincapié en la necesidad de abastecer a la comunidad educativa con las herramientas tecnológicas necesarias para desarrollar sus tareas.

La pandemia, acá

La pandemia se instaló en La Matanza. Tras cien días de aislamiento, la realidad dista mucho de la que el distrito mostraba en la medianoche de aquel 20 de marzo, cuando comenzó el aislamiento social, preventivo y obligatorio. Las cifras así lo remarcan. En ese cálido marzo, el primer contagio fue confirmado el martes 10 ; un hombre de 42 años que había regresado de España. A fines de ese mes, los afectados por el virus llegaban a 14. El distrito era el tercer municipio con más casos en la Provincia y no registraba fallecidos. Hasta el 26 de junio, el partido lideraba ese ránking, con 3.644 casos confirmados y 54 personas que habían perdido la vida a causa del COVID-19.

Durante las primeras semanas del aislamiento, las cifras oficiales informadas por las jurisdicciones no abundaban, algo que se fue corrigiendo con el correr del tiempo y se sistematizaron distintos indicadores para poder analizar como evolucionaba la pandemia, tanto en la Provincia de Buenos Aires como en La Matanza. El 2 de abril se confirmó el primer vecino matancero fallecido por el coronavirus. Héctor Daniel Deballe era oriundo de La Tablada, tenía 41 años y trabajaba en el Mercado Central. A fines de ese mes, El1 Digital pudo confirmar 105 casos y tres muertes. Los casos crecieron con mucha velocidad durante abril. Según las cifras que pudo obtener este medio, se incrementaron un 650 por ciento en treinta días, a un ritmo diario promedio del 7,3 por ciento.

Sin embargo, como pasó también a nivel nacional, en los primeros días de la pandemia el crecimiento fue exponencial en términos relativos, ya que pasar de un caso a dos en un día, significa duplicar los contagios y aumentar un cien por ciento las cifras totales, pero, en términos absolutos, la situación parecía controlada, mientras los esfuerzos de las autoridades se centraban en reforzar el sistema de salud y contener la demanda alimentaria de los sectores más desprotegidos, que empezaban a sentir los cimbronazos del parate de la actividad.

Mayo arrancó con un nuevo salto en las cifras que informaban las autoridades locales. El 4 de ese mes, eran 144 los casos totales y cinco los fallecidos en La Matanza y finalizaron el mes con un total de 601 contagios y 19 muertes. Los números absolutos son más impactantes, ya que se sumaron 457 pacientes pero, en términos relativos, los infectados crecieron un 317,4 por ciento, menos de la mitad de lo que lo hicieron el mes anterior, con una velocidad de incremento que se redujo a un 6,2 por ciento diario en promedio. En mayo, los casos se duplicaron en trece días, en tanto que, a principios de mes, lo hacían en tan solo siete jornadas.

Hasta el 26 de junio, La Matanza tenía el 14,3 por ciento de los casos de toda la Provincia de Buenos Aires y el distrito bonaerense con más contagiados, con 3.644 personas afectadas por el COVID-19 y 54 personas que fallecieron a causa de complicaciones derivadas de la enfermedad. Durante junio, los infectados quintuplicaron a los 737 informados el 1 de este mes, con un crecimiento de 394,4 por ciento y un promedio diario de suba que se ubica en el 7,2 por ciento y una media de 126,4 contagios nuevos cada jornada.En junio, se consolidaron los reportes diarios, con información accesible y desagregada a nivel local, entregada por el Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, que puso en línea una Sala de Situación con cifras relacionadas a la evolución de la pandemia de coronavirus en el territorio bonaerense. En lo que va de este mes, se consolidó la transmisión comunitaria en el distrito, que este viernes trepaba al 55,4 por ciento. Los casos superaron la barrera simbólica de los 3.000 y la preocupación por la capacidad del sistema de Salud invadió a todos los sectores de la vida social y política matancera.

El 1 de junio, los casos se duplicaban en 11,1 días, indicador que alcanzó su punto más crítico el 17 de este mes, cuando eso ocurría en 8,5 jornadas. Este viernes, la cifra se ubicó en 10,2 días, una cifra menor a la registrada en mayo, y con un número de casos absolutos mucho más elevado, lo que enciende todas las alarmas. Solo basta decir que, durante junio, se diagnosticaron 2.907 positivos de COVID-19, el 79,8 por ciento de todos los que se registraron desde el 10 de marzo, cuando se detectó el primer infectado por el coronavirus en territorio matancero. Dentro de estas cifras, el indicador positivo es la evolución de la letalidad del COVID-19 en La Matanza, que este viernes se ubicaba en 1,5 por ciento, por debajo del promedio nacional y provincial, un número que, además, viene en un sostenido descenso durante junio.

El pico se acerca, pero es curioso: el único dato para conocer ese fenómeno es que la cifra de contagios no deja de crecer. En un momento de incertidumbre, en el que las autoridades combinan los resultados sanitarios con las variables económicas, y claramente se inclinan por las primeras, una frase pronunciada desde un primer momento por Alberto Fernández parece ganar espesor y llenarse de sentido día a día: “El aislamiento es la única vacuna”.