domingo 17 noviembre, 2019
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Administración de consorcio de propiedad horizontal y vertical

LA PRIMERA ASAMBLEA DEL AÑO

Para los consorcios, el año comienza con la primera Asamblea Anual Ordinaria.  Para ésta es menester buscar la asistencia perfecta de todos los propietarios; intentar comunicarse personalmente, vía mail o telefónicamente con los propietarios con el fin de transmitirles lo importante que es la asistencia de todos al menos una vez al año.  Se les debe manifestar que las decisiones que se tomen serán cruciales para la economía anual del Consorcio, para no encontrarse después con resoluciones de las que no participaron en su discusión.

En la Asamblea se debe exponer:

  • La rendición anual del balance obligatorio con las entradas y egresos anuales; acompañado de todos los comprobantes correspondientes.
  • Las obligaciones derivadas de los convenios colectivos de trabajo (si el consorcio tiene personal en relación de dependencia); cuyo gasto responde al cumplimiento de normativas y/o resoluciones vigentes; acompañando el texto de dicha disposición.

Asimismo se presenta el presupuesto anual para el siguiente año; el que debe ser aprobado por los propietarios en su mayoría (la mitad más uno).  No puede faltar en el presupuesto:

  • Un monto fijo mensual destinado a gastos inherentes a la seguridad (Por ejemplo: orden, aislación y engrampado o reemplazo de “cables sueltos” que pululan por sótanos, salas de máquinas e incluso halls, palieres y cajas de ascensores, y se cruzan con caños de gas, desagües o salen de bombas de cisternas de sótanos con inundación permanente, etc). Los mismos pueden generar grandes daños o daños de tipo endémicos.   Como el mencionado hay miles de ejemplos de cosas que pueden ocasionar grandes daños y que luego para repararlos demandan grandes gastos para el Consorcio.

Por otra parte, la ocupación de áreas comunes, de uso exclusivo o común (balcones, pasillos y azoteas), con macetas y plantas o con equipos de aire acondicionado que generan humedades constantes además de sobrecargas inútiles; éstas son dos de las varias costumbres adquiridas y que generan importantes daños en los edificios.  Es ineludible plantear estos dos temas para evitar que todos deban pagar por los daños ocasionados por la desidia de algunos vecinos.

Otro tema es inculcar que cada copropietario se comprometa, al menos una vez al año y como “obligación” a realizar tareas de mantenimiento en su propiedad.  El objetivo es promover las buenas costumbres de mantenimiento; que por un lado redundarán en la reducción de los gastos de expensas; y por otro lado, beneficiarán la convivencia al no provocar daños en propiedades vecinas.

Por último, plantear un plan de trabajo anual, estableciendo las prioridades del edificio en cuestiones de reparación y mantenimiento; con un proyecto global orientado a mejorar la calidad de vida de los propietarios, delineando los ejes de la gestión en el cumplimiento además, de normativas vigentes, previsión de gastos y su adecuado direccionamiento.

 

 Fuente: Revista “Gestión de Consorcios” Año XXIII Nº 133