sábado 26 noviembre, 2022
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El día que Maradona jugó en el Don Bosco y salió en camilla por una grave lesión

A un año del fallecimiento del astro del fútbol, recordamos cuando desplegó su magia en el Ateneo y, por una feroz patada, tuvo que salir con la rodilla maltrecha.

Era un sábado de 1971 y la cancha del Ateneo Don Bosco, sobre la calle Humboldt, estallaba de gente. La visita de Los Cebollitas, el equipo sensación juvenil de Argentinos Juniors, convocó a cientos de personas. El equipo dirigido por Francisco Cornejo se enfrentaría, en un partido amistoso, con un combinado del colegio de Ramos Mejía compuesto por chicos de las categorías 1960-1961.

El 10 de los “Bichitos colorados”, un pibito llamado Diego, se destacaba por sobre el resto y todos, en el ambiente del fútbol, lo sabían. Por eso el DT de Don Bosco le pidió al 2, Alberto, grandote y de buen porte, que lo marcara personalmente al escurridizo zurdito.

Si bien el partido era parejo, Los Cebollitas ganaban 3 a 1 y Pelusa, autor de uno de los goles, deleitaba a los presentes con su gambeta y desfachatez, cada vez que mimaba la pelota. Maravillaba a todos menos al 2, quien, a los diez minutos del segundo tiempo, le asestó una terrible patada a la altura de la rodilla derecha que lo dejó tendido en el piso.

“Corrí hasta donde estaba Diego, que seguía tirado, sin moverse. Tenía toda la cara mojada por las lágrimas. Eso fue lo que más me asustó; Pelusa era muy duro, era difícil que llorara. Si estaba llorando así, era porque la cosa era seria”, contó el DT Cornejo en “Cebollita Maradona”, libro de su autoría.

Cornejo, junto a José Trotta, dueño de un Rastrojero que era el “vehículo oficial de Los Cebollitas”, lo llevaron al consultorio del doctor Mario Bortman, quien le extrajo varias jeringas de sangre de la zona afectada. Una vez que la rodilla se desinflamó, el facultativo lo vendó, le recetó antibióticos y exigió que hiciera reposo.Tras la suspensión del encuentro, el pibe de Villa Fiorito fue llevado al médico y le dispensó calmantes para soportar el dolor. Pero a la noche, levantó temperatura –casi 40 grados de fiebre- y la rodilla estaba inflamada y negra. “Cuando lo vi me asusté; tenía la pierna dura. Estaba terriblemente pálido y casi no hablaba”, relató el entrenador.

Al día siguiente, Dieguito ya estaba mejor y comenzó a moverse… Demasiado. Lo revisó el doctor Aarón Fitzman, médico de Argentinos, y al notar la inquietud del paciente, decidió enyesarlo para que la rodilla no tuviera secuelas de la lesión. Casi 20 días estuvo con la pierna inmovilizada.

Una semana después de retirarle el yeso, Pelusa volvió a pisar una cancha contra el Club Almafuerte de Villa Maipú. Al principio, aseguró Cornejo, “estaba tímido y temeroso”, pero bastaron un par de minutos para que regresara a tirar sombreros, desairada a los defensores y asistiera a sus compañeros con pases de crack. Tal como el mundo lo conoció.