sábado 26 septiembre, 2020
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LA AUDICIÓN EN EL NIÑO – Parte 1 SU IMPORTANCIA EN EL DESARROLLO DEL LENGUAJE

“El oído es el órgano de la audición” escribió hace siglos Aristóteles.

Hoy con mayor conocimiento del carácter innato del aprendizaje del habla en el hombre, se puede decir que ”El oído es el órgano de la adquisición del lenguaje”.

Está claro que existen formas de lenguaje como la lengua de señas en cuyo caso se intuye que los medios de adquisición del lenguaje son las manos y los ojos o sea que la labiolectura es parte integrante de los medios de comunicación y aprendizaje en los niños con déficit auditivo o hipoacusia.

Sin embargo, la audición sigue siendo la forma natural de adquisición de lenguaje y el mismo, uno de los atributos que distingue al hombre.

Durante la niñez se levantan los tres pilares básicos sobre los que se construye el proceso de desarrollo de la persona: el aspecto cognitivo (del conocimiento), el aspecto motor y el social.
El niño necesita cierta maduración física para desarrollar tareas cotidianas y de esparcimiento, equilibrio emocional para adaptarse al medio ambiente que le toca convivir y valores socio culturales para comunicarse con los que lo rodean.

Por ello, si se acepta el hecho que la audición es el medio habitual para la adquisición de la comunicación y el lenguaje; detección y diagnóstico temprano de la hipoacusia y la rehabilitación auditiva adecuada son los medios imprescindibles para alcanzar la meta de no “crecer sin lenguaje.”

Conociendo la interrelación: PENSAMIENTO LENGUAJE – LENGUAJE PENSAMIENTO, preocupa pensar en “crecer sin pensamiento” porque en este aspecto lo que no se desarrolla en la temprana edad no se logrará luego un total desempeño.

• Se puede adquirir habla y lenguaje, pero no se podrá sobrepasar niveles de pensamiento concreto y se perderá la posibilidad de lograr un pensamiento abstracto, lo cual limitará en el futuro las opciones de acceder a estudios y tareas de alto nivel de pensamiento.

Las estadísticas del mundo marcan que el 2/1000 de los recién nacidos presentan hipoacusia severa a profunda, o sea que es mas infrecuente que las hipoacusias moderadas.
Generalmente se atribuyen a causas genéticas o hereditarias debidas a un gen anormal. Las congénitas en cambio están presentes desde el nacimiento o desde los primeros días de vida y las tardías se manifiestan algún tiempo luego del nacimiento.

Entre los nacidos considerados dentro del grupo de alto riesgo de padecer hipoausia bilateral, la incidencia de daño auditivo del mismo nivel es hasta de 6%.

El grupo de alto riesgo incluye:

 

• Infección intrauterina por rubeola, citomegalovirus, sífilis, herpes, toxoplasmosis etc
• Anomalía cráneo facial.
• Bajo peso al nacer, menos de 1.500 grs.
• Hiperbilirrubinemia
• Medicaciones ototóxicas.
• Meningitis bacteriana.
• Bajo Apgar al nacer: 0 a 4 al minuto y 0 a 6 a los 5 minutos.
• Ventilación mecánica más de 5 días.
• Síndromes asociados con hipoacusia.

Cuando se habla de hipoacusias del recién nacido se consideran las patologías de transmisión a través de la placenta, los problemas suscitados durante el parto y durante la lactancia.
En los casos de prematurez o de niños de bajo peso al nacer; con más de 1500 gramos, se indica seguimiento hasta los 2 años y con menos de 1.500 gramos, hasta los 6 años.

Cabe notar que la prevalencia de hipoacusia en la niñez no corresponde a casos profundos sino medios. Esto los hace más alentadores sobre el futuro, pero más difíciles de detectar muy tempranamente porque los factores puramente acústicos se mezclan con los madurativos por lo que los resultados de las evaluaciones muy precoces, a pesar de ser pruebas objetivas (sin respuesta del paciente) al ser evaluadas al nacimiento o muy próximo, deben ser corroboradas con un seguimiento madurativo y de adquisición de habla y eventualmente repetirse.

El Sistema Sanitario de Salud en general y la Atención Primaria de la Salud en particular tienen gran responsabilidad en la Detección la Precoz de la Hipoacusia porque si un niño es equipado con audífonos y comienza la estimulación formal antes de los 6 meses se asegura una evolución normal del lenguaje siempre que no exista otra causa neurológica, mental o emocional, en cuyo caso también es urgente la evaluación y diagnóstico para dar un enfoque diferente a la rehabilitación.

La hipoacusia se define como la disminución de la percepción auditiva.

Si es de grado leve sólo aparecerá dificultad a la voz baja y al ambiente ruidoso donde el ruido supera a la palabra. En el bebé se ve compensado porque siempre está cerca de la mamá, en brazos, mamando, al bañarlo etc, a medida que camina, se mueve y se aleja se puede notar desatención, mirada de frente al hablar, poner la TV más fuerte, etc.

En la hipoacusia media (el mayor grupo), la dificultad aparece aun en la voz normal, retrasa la producción de sonidos y mira más intencionalmente al que habla, no obstante, está bien conectado.
Frente a una hipoacusia severa o profunda el niño recibirá solo la voz fuerte o gritada desde 1 mt., no desarrolla el lenguaje y necesita además de los audífonos, terapia auditiva especializada.

Estos dos grupos de bebés cursan la primera etapa de su desarrollo como muy callados, muy tranquilos, cuando reclaman algo sólo se calman cuando ven la cara de la mamá, no cuando se les habla desde atrás.
Si bien es un hecho, que se realiza el screening auditivo del recién nacido en el ámbito social y privado, el retraso entre el diagnóstico y la adaptación de audífonos se sigue retrasando hasta casi el año.
Este es un tiempo de retraso imprescindible de mejorar, la adaptación de audífonos debe completarse entre los 6 a 8 meses de edad para poder hablar de detección y equipamiento tempranos. De nada vale tener uno o varios estudios si no se actúa en consecuencia.

Si no se logra audibilidad, se retrasa la comunicación y con ella el desarrollo emocional.

Es importante tener presente 3 situaciones que indican la necesidad del seguimiento de los estudios.

a) La corroboración de los datos del estudio del recién nacido.
b) El seguimiento en casos de hipoacusias genéticas o progresivas que pueden aparecer tardíamente o ir empeorando calladamente.
c) El pobre o lento desarrollo del habla respecto a las evaluaciones previas si estuviera cumpliendo con la rehabilitación auditiva.
Un audífono hoy es un procesador de habla y ruido por lo que el antiguo miedo a la sobre amplificación o a la molestia en el ruido, es tiempo pasado.
Desde lo estético los audífonos para niños son pequeños y automáticos con lo que se asegura la amplificación necesaria y no más, en cada situación de ruido ambiente con o sin palabra agregada en la que se encuentre el niño.

Como reflexión podríamos afirmar que, si aceptamos que “la audición es la forma natural de adquisición del lenguaje”, se debe asegurar tempranamente la audibilidad del habla, o no esperar una buena comunicación social.

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