martes 21 marzo, 2023
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Los diez años del Pontificado de Francisco y su vínculo con La Matanza, según el Obispo de San Justo

Monseñor Eduardo García, de estrecha relación con el Sumo Pontífice, brindó sus reflexiones y recuerdos en el décimo aniversario de la elección del Papa argentino.

Este lunes 13 de marzo se cumplen diez años de la elección del Papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano en la historia de la Iglesia Católica. Desde Argentina, su tierra natal, más precisamente desde La Matanza, el Obispo de San Justo, monseñor Eduardo García, dialogó con El1 Digital y compartió reflexiones y recuerdos acerca del actual Sumo Pontífice, a quien, contó, conoce desde “hace 25 años” y con quien trabajó en la Ciudad de Buenos Aires durante “casi once años”.

Entre esos recuerdos, desde la Catedral de San Justo, el Obispo brindó detalles de algunos de los múltiples vínculos que unieron a Francisco con el Distrito matancero a lo largo de los años. “Él tenía una religiosa a la cual quería mucho, en la zona de Aldo Bonzi. La visitaba, y después, cuando falleció, vino a su misa”, comenzó.

“Recuerdo también sus vínculos con uno de los colegios de Tapiales, que estaba en un momento difícil y necesitaba un tinglado para que los chicos pudieran hacer educación física. Él consiguió los medios para que se pudiera construir y se empezó a hacer cuando él era Arzobispo de Buenos Aires. Esta obra se terminó cuando él ya era Papa, y por eso lo nombraron Papa Francisco”.

Desde lo institucional, los vínculos también fueron variados. “Me enteré de gente que le pidió audiencia siendo Arzobispo de Buenos Aires, y él recibió a sacerdotes (matanceros), por distintas cuestiones. También, cuando falleció monseñor Jorge Meinvielle, quien fuera Obispo de San Justo, él, al ser cardenal y estar a cargo de la zona Metropolitana, quedó a cargo de San Justo hasta el nombramiento del nuevo obispo, que tardó un año. En ese momento, nombró a alguien en su representación, para que condujera la Diócesis. Hay vínculos que se fueron dando con la historia. Y ahora el vínculo soy yo, que estoy trabajando con él. Lo conozco hace 25 años y como Obispo estuve trabajando en Buenos Aires con él casi once años”, remarcó monseñor García.

Reflexión a diez años del Pontificado

Consultado por este medio acerca del significado del Pontificado de Francisco para el catolicismo y para la historia en general, monseñor García reflexionó: “Les puedo hablar de lo que veo como miembro la de iglesia, más allá de ser Obispo. Creo que (significa) un cambio de imagen fundamentalmente. Es un cambio de imagen de lo que significa un pastor, un Papa, con cercanía con el pueblo. Él siempre tuvo esa cercanía, el estar cerca de las necesidades reales. Justamente, escribí un artículo y puse ‘no es un invento el Papa del 13 de marzo’. Pasa que ahora se visibiliza lo que él era como Obispo, como sacerdote, como cardenal, a modo universal. La cercanía que tiene con los enfermos y ancianos no es un acting que está haciendo porque es Papa. Ya lo hacía. El saludar a cada uno de la mano ya lo hacía cuando iba a San Cayetano todos los 7, que saludaba a cada uno que estaba en la cola, fueran tres horas o cuatro horas. Entonces, al Papa lo caracteriza la cercanía, diciendo las cosas más profundas y más importantes, pero en un lenguaje que todos podemos entender”.

Las periferias existenciales

Desde los comienzos de su Pontificado, Francisco puso el acento en las llamadas “periferias existenciales” y, de hecho, el mismo día de su elección, ante una multitud congregada en la Plaza de San Pedro, mencionó que los cardenales habían ido “hasta el fin del mundo para buscar un Papa”.

En este sentido, monseñor García explicó: “Un Papa de la periferia es lo que se hizo carne en lo que él decía. Él se acercaba a las periferias. A las periferias nombradas no solamente desde la pobreza, sino desde la marginación. Las misas con los cartoneros. Las misas en contra de la trata de mujeres que se hacían en Retiro y en Constitución. Siempre estuvo cerca, fue su preocupación. Pasa que ahora él tiene una periferia existencial que trasciende los límites de CABA. Y tiene una periferia existencial que son los países del Tercer Mundo, que es el descarte que se va dando en las sociedades más urbanizadas y aparentemente más desarrolladas. Pero donde, sin embargo, el descarte humano se tapa. La periferia existencial siempre estuvo en su pensamiento. Lo que pasa que ahora el mensaje es universal, trascendió Buenos Aires. El tema de las villas trascendió. La Villa 31, la 1-11-14. Ahora es la villa del mundo, en la cual están los pobres, los descartados, los que pasan hambre”.

En esta línea, el Obispo de San Justo alertó: “Es un mensaje que quizás a muchos no les gusta, porque hay cosas que no nos gusta ver. Porque el verlas, a veces, nos cuestiona, nos compromete y preferimos maquillar la realidad, vivir de la fantasía y no ver lo que realmente está pasando. Por ejemplo, acá en San Justo podemos quedarnos con la imagen de una tarde de las familias que vienen acá, o de un show que se arma para festejar, pero el día a día es otra cosa. En la noche tenemos la periferia que está acá, la gente que está durmiendo en la calle, los que vienen a pedir porque no tienen un baño. Aquellos chicos que están fisurados por el paco. Son la periferia con la cual vivimos todos los días. Pero, pareciera que no la queremos ver. Y que el Papa diga que existe eso cuestiona. Primero, a quienes la ocasionan. Porque si el pibe fuma paco es porque alguien le está dando la materia prima. Y hay alguien que lo está permitiendo. Hay alguien que está haciendo la vista gorda frente a esa distribución. Es una cadena. Entonces, eso no gusta, porque empezamos a rascar la pared y llegamos al ladrillo. Y no queremos ver el ladrillo. Pero eso existe”.