Política

El peronismo busca nuevos jefes: las necesidades de hoy ya no son las de ayer

Por Martín Méndez — Asesor político y parlamentario, periodista y especialista en comunicación estratégica y política

Hay momentos en la política en los que una discusión deja de ser solamente electoral y comienza a convertirse en una discusión sobre el futuro.

El peronismo argentino parece estar atravesando uno de esos momentos.

La decisión de Cristina Fernández de Kirchner de recurrir al Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas para cuestionar su condena en la causa Vialidad y solicitar, entre otras medidas, la suspensión de su inhabilitación para ejercer cargos públicos volvió a colocar a la expresidenta en el centro de la escena política nacional. La defensa también pidió revisar otros aspectos de su situación judicial. (Todo Noticias)

Desde el punto de vista jurídico, será el organismo internacional y las autoridades correspondientes quienes deberán expedirse sobre esos planteos.

Pero la política abre una discusión diferente.

¿Qué necesita hoy el peronismo para construir su futuro?

Porque mientras Cristina vuelve a ocupar el centro de la agenda, dentro del propio espacio aparecen señales cada vez más visibles de una disputa por la renovación del liderazgo.

Y allí aparece Axel Kicillof.

El problema no es el pasado. Es quedar atrapado en él

Cristina Kirchner tiene una historia política imposible de desconocer.

Fue presidenta de la Nación durante dos períodos, vicepresidenta y una de las figuras centrales de la política argentina de las últimas dos décadas.

Su liderazgo conserva peso dentro de una parte importante del peronismo.

Pero reconocer ese liderazgo histórico no significa que el peronismo deba dejar de discutir quiénes serán sus dirigentes del futuro.

Una cosa es la historia.

Otra, la conducción de la próxima etapa.

Y allí aparece una pregunta que el peronismo debería animarse a formular:

¿Quiénes serán los nuevos jefes?

No necesariamente para borrar a los anteriores, sino para construir una conducción capaz de interpretar una Argentina diferente.

Porque la Argentina de 2026 no es la Argentina de 2015.

Han pasado once años desde el final del segundo mandato presidencial de Cristina Kirchner.

Hubo un gobierno de Cambiemos, un gobierno del Frente de Todos, una pandemia, una profunda crisis económica e inflacionaria y, finalmente, la llegada de Javier Milei a la Presidencia con una propuesta de ruptura con buena parte de la política tradicional.

La sociedad también cambió.

Las demandas cambiaron.

Las generaciones cambiaron.

Y también cambiaron las preguntas que los ciudadanos le hacen a la política.

Por eso hay una cuestión que merece ser discutida:

si las necesidades son nuevas, ¿pueden las respuestas seguir siendo exactamente las mismas?

Axel Kicillof y una construcción que ya existe

En ese escenario aparece el Movimiento Derecho al Futuro.

No como una candidatura presidencial formalmente definida, sino como una estructura política que viene construyendo territorio alrededor de Axel Kicillof.

Durante las últimas semanas se sucedieron plenarios y actividades con participación de intendentes y dirigentes de diferentes municipios bonaerenses.

El 5 de septiembre, en Saladillo, dirigentes e intendentes participaron de un plenario del MDF y plantearon la construcción de una alternativa política para la etapa que viene. Entre los participantes estuvieron Jorge Ferraresi, Mario Secco y Fernando Espinoza, entre otros. (Agencia Noticias Argentinas)

Y el dato territorial no es menor.

El 15 de septiembre, Espinoza volvió a participar de una actividad del MDF en Coronel Suárez, después de una recorrida por localidades del interior bonaerense en la que puso el foco en producción, industria, educación e infraestructura y expresó su respaldo a Kicillof. (Infobrisas)

Semanas antes, en Ramallo, Espinoza había respaldado públicamente una eventual candidatura presidencial de Kicillof y llamado a construir un frente amplio. (Agencia Noticias Argentinas)

Esto no significa que una candidatura presidencial esté definida.

Significa algo diferente y políticamente relevante:

hay una estructura territorial que está trabajando para que una nueva conducción peronista sea posible.

Una voz incómoda dentro del propio espacio

En esta discusión aparece también una figura que no debería ser ignorada: Luis D’Elía.

No hace falta coincidir con D’Elía para reconocer que su trayectoria forma parte de la historia del movimiento social y del kirchnerismo.

Fue uno de los principales referentes del movimiento piquetero en La Matanza y tuvo protagonismo durante los años de crisis que desembocaron en el 2001. También tuvo participación en la organización de la contracumbre de Mar del Plata de 2005 contra el ALCA.

Precisamente por su trayectoria, sus actuales críticas hacia Cristina Kirchner, Máximo Kirchner y La Cámpora tienen una particular significación política.

En enero de este año, D’Elía había pedido públicamente a Kicillof que «enfrente el pasado» y llamó a construir una nueva etapa política alrededor del gobernador bonaerense. Incluso habló de «Axel presidente». (Noticias en Tucumán)

Pero recientemente fue todavía más lejos.

En un video difundido en sus redes sociales, D’Elía sostuvo que existiría un acuerdo entre sectores vinculados a los Kirchner y el gobierno de Javier Milei y planteó, en términos extremadamente duros, que Cristina estaría negociando su situación personal a cambio de una derrota del peronismo.

Es una acusación política de D’Elía.

No existe, al menos con la información pública disponible, evidencia que permita presentarla como un hecho comprobado.

Pero hay algo que sí resulta políticamente relevante: quien formula esa acusación no es un dirigente externo al universo que está cuestionando.

Es alguien que durante años estuvo identificado con el kirchnerismo y que ahora reclama explícitamente una renovación del liderazgo.

Y eso merece ser escuchado.

No necesariamente para darle la razón.

Sino para preguntarse qué está expresando políticamente esa ruptura.

Cuando los movimientos sociales hablan, la política debería escuchar

Aquí aparece una cuestión que el peronismo no debería perder de vista.

Los movimientos sociales no son solamente estructuras de movilización.

Durante décadas fueron también una forma de representación de sectores que muchas veces no encontraban canales dentro de las estructuras políticas tradicionales.

La crisis de 2001 es un ejemplo imposible de ignorar.

Pero también es necesario contarla correctamente.

No fueron solamente los movimientos piqueteros los que provocaron la caída de Fernando de la Rúa. Aquella crisis fue el resultado de una combinación de factores económicos, sociales, políticos e institucionales, acompañada por una movilización social extraordinaria que incluyó a sectores medios, cacerolazos, protestas, saqueos y organizaciones territoriales.

Reducir aquel proceso a un solo dirigente sería históricamente incorrecto.

Pero también sería incorrecto negar el papel que tuvieron los movimientos sociales.

La enseñanza quizás sea otra.

Cuando una sociedad comienza a expresar una demanda que las estructuras tradicionales no consiguen representar, esa demanda no desaparece.

Busca otros canales.

Y esos canales pueden terminar modificando el escenario político.

La sociedad de hoy tiene otras necesidades

Existe una frase de Eva Perón que forma parte de la tradición política del justicialismo:

«Donde existe una necesidad, nace un derecho».

La frase mantiene una enorme vigencia.

Pero quizás haya llegado el momento de hacer una pregunta diferente.

Si las necesidades cambiaron, ¿no deberían cambiar también las respuestas?

La Argentina de 2026 tiene problemas que hace diez o veinte años no ocupaban el mismo lugar en la agenda pública.

La seguridad.

El empleo.

La educación.

La salud.

La discapacidad.

La producción.

La tecnología.

La inteligencia artificial.

La vivienda.

El costo de vida.

La pérdida del poder adquisitivo.

Las nuevas formas de trabajo.

La relación entre el Estado y los ciudadanos.

La necesidad de recuperar determinados derechos, pero también de construir respuestas frente a problemas que antes no existían o tenían otra dimensión.

Por eso el peronismo no debería discutir únicamente cómo recuperar lo que perdió.

Debería discutir qué país quiere construir a partir de ahora.

Cristina, Máximo y La Cámpora: una discusión que excede los nombres

La discusión tampoco debería transformarse en una cuestión personal.

Cristina forma parte de la historia del peronismo contemporáneo.

Máximo Kirchner y La Cámpora también forman parte de esa historia y tienen representación política propia.

Pero una fuerza política que pretende volver a ser competitiva a nivel nacional necesita preguntarse si su conducción debe continuar dependiendo de los mismos liderazgos y de las mismas estructuras.

El problema no es que existan Cristina, Máximo o La Cámpora.

El problema sería que ninguna fuerza política pudiera construir una generación posterior capaz de disputar el liderazgo con autoridad propia.

Toda organización política necesita renovación.

No para negar su pasado.

Para sobrevivir políticamente a él.

Los intendentes y el territorio

Hay además una dimensión que muchas veces queda relegada en las discusiones nacionales: el territorio.

Los intendentes conocen diariamente las demandas concretas de sus comunidades.

Seguridad.

Salud.

Educación.

Obras.

Transporte.

Empleo.

Producción.

Infraestructura.

Son problemas que no se resuelven solamente desde una consigna nacional.

La construcción que Kicillof viene desarrollando a través del Movimiento Derecho al Futuro tiene justamente una característica que merece atención: la expansión territorial y la incorporación de intendentes y dirigentes de diferentes municipios. (Agencia Noticias Argentinas)

Eso no define por sí mismo quién será el próximo candidato presidencial.

Pero sí demuestra que existe una disputa real por la conducción futura del peronismo bonaerense y, potencialmente, por su proyección nacional.

La verdadera discusión

Quizás por eso la discusión más importante no sea simplemente Cristina contra Axel.

Sería demasiado sencillo.

La verdadera discusión es si el peronismo será capaz de construir una nueva generación de dirigentes que pueda hablarle a una sociedad diferente.

Dirigentes que puedan incorporar a los intendentes.

Escuchar a los movimientos sociales.

Recuperar representación territorial.

Dialogar con los trabajadores.

Hablarle al sector productivo.

Construir una agenda de seguridad.

Defender derechos.

Crear nuevos derechos.

Y, sobre todo, presentar un proyecto de país que no dependa exclusivamente de la nostalgia por una etapa anterior.

Kicillof es hoy uno de los dirigentes que protagonizan esa disputa. Su estructura territorial está creciendo y distintos intendentes ya expresaron públicamente su respaldo. (Agencia Noticias Argentinas)

Pero la respuesta definitiva todavía no está escrita.

La política argentina tampoco.

El peronismo necesita mirar hacia adelante

Cristina tiene derecho a utilizar todas las herramientas jurídicas disponibles para cuestionar su condena y defender su posición ante los organismos nacionales e internacionales.

El planteo ante Naciones Unidas forma parte de esa estrategia jurídica y política, y sus abogados han pedido expresamente que se suspenda su inhabilitación para ejercer cargos públicos mientras se analiza el fondo de la presentación. (Todo Noticias)

Pero independientemente de cuál sea el resultado de ese proceso, el peronismo tendrá que resolver una cuestión que ninguna cautelar puede resolver por él:

¿quién conducirá la próxima etapa?

Porque si toda la política del peronismo continúa organizada alrededor de la pregunta «¿qué hará Cristina?», la discusión sobre la renovación seguirá pendiente.

Y mientras tanto, el territorio se mueve.

Los intendentes se posicionan.

Los movimientos sociales expresan sus demandas.

Los dirigentes construyen nuevas estructuras.

Las generaciones cambian.

Y una sociedad que atravesó más de una década de transformaciones también espera respuestas diferentes.

Tal vez el desafío del peronismo no sea elegir entre el pasado y el presente.

Sea aprender del pasado para construir el futuro.

Porque una fuerza política que quiere volver a gobernar la Argentina no puede limitarse a reconstruir el país que alguna vez gobernó.

Tiene que interpretar el país que existe hoy.

Y para necesidades nuevas hacen falta respuestas nuevas.

La Argentina cambió. Las necesidades cambiaron. Y el peronismo, tarde o temprano, también tendrá que cambiar.