Locales

La «Zapada cumbiera» revive la memoria del barrio

En Gregorio de Laferrere, la improvisación, la cumbia y el streaming se mezclan para convertir la nostalgia en una forma de resistencia cultural.

La noche cae en Gregorio de Laferrere y poco a poco se abren las puertas del bar “Q’ Pinta”, ubicado frente a la Plaza de la Familia, a metros del centro. De fondo se escucha un teclado y los parlantes en plena prueba de sonido. Los organizadores y conductores están en los detalles para que todo salga perfecto, pero espontáneo. La “Zapada Cumbiera” no es solo un encuentro musical, sino que es memoria, comunidad y resistencia frente a lo efímero. Un espacio donde la cumbia se encuentra con las personas que la hicieron crecer en los barrios.

El público llega en forma de avalancha: las familias, los grupos de amigos con ganas de cantar y bailar, como también las parejas de jóvenes que quieren disfrutar ubicándose lo más cerca al miniescenario. En las mesas, mientras eligen qué comer y beber, se alzan las manos para empezar a grabar con los celulares la entrada de los cantantes de esa noche y también para darle el gusto a alguna que otra persona que pide una foto. La cumbia tropical empieza a entrelazarse con los recuerdos de un pasado que no murió, sino que resurgió en HD gracias al streaming.

Es la simpleza de lo que ocurre lo que alimenta el fenómeno cultural en el conurbano. La cumbia, en todos sus géneros, le da vida a lo que se creía haber perdido frente a lo mainstream, esas corrientes dominantes de pensamientos, gustos y tendencias dentro de una sociedad, que de tan dominantes se dicen en otro idioma. 

Como en este bar del conurbano bonaerense, el regreso de las zapadas, una improvisación musical espontánea en la que los artistas crean juntos, sin un guion preestablecido, se potencia con el auge de plataformas como Twitch y Youtube. Un ejemplo clave -y quizá, en donde todo comenzó- es el programa de streaming “Un Poco de Ruido”, conducido por Pinky, Dj Pipo y Damo, quienes revalorizaron la cultura cumbiera a partir de la autogestión de sus propios medios, arrancando desde abajo, pero con un gran y veloz impacto en el público, con tal repercusión que pasaron del vivo online a grandes escenarios como el Movistar Arena y el Parque Roca.

La música como motor de la nostalgia

“La nostalgia es el dolor del retorno, que existe desde la antigüedad. Se trata del anhelo por retornar”, explicó Gabriel Lombardi, doctor en psicología de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires. Esta idea vibra en cada acorde que suena en el bar. Cuando un tecladista arranca con los compases de “Nunca me faltes”, un clásico de Antonio Ríos, el público acompaña como si fuera un himno de la cumbia. Algunos ríen y otros se emocionan.

Desde un punto de vista psicológico, la música influye sobre la nostalgia, ya que fomenta conexiones sociales, eleva la autoestima como también inculca el sentido de juventud y fortalece el de la vida, según un artículo de investigación publicado en Sage Journals. Los investigadores han observado que esto impacta en las emociones porque altera los estados de ánimo de las personas, alivia el estrés, reconforta, etcétera.

La nostalgia se presenta como un fenómeno que ofrece un escape, un consuelo, al volver a los lugares donde se fue feliz. ¿Siempre el pasado es mejor? Al menos, eso es lo que las personas mayores dicen con frecuencia, mientras que los jóvenes retornan a esas épocas guiados por la curiosidad, para poder rescatar elementos de un pasado que no vivieron pero que conocen por sus padres y abuelos. Los estudios en la materia exploran cómo la nostalgia impulsa la transmisión y conservación de tradiciones generacionales, por ejemplo, con una zapada en Gregorio de Laferrere, confirmando el famoso cliché “el pasado siempre vuelve”. 

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Pasado y presente en diálogo

La propuesta convoca a artistas que fueron furor en otras épocas y los expone en el presente a nuevos oyentes que redescubren otro tipo de música que no están acostumbrados a escuchar. Así, esta escena se conecta con la nostalgia y juntas actúan como un puente que origina recuerdos autobiográficos, activando redes cerebrales de memoria y recompensa para liberar dopamina y generar bienestar. 

Al mismo tiempo, la zapada dialoga con la historia cultural del conurbano, en un encuentro entre músicos y vecinos. “La idea es dar un lindo mensaje, ir a la zapada con amigos, escuchar unos temas y compartir con otras bandas”, explicó el «Negro» Pizarro, conductor de la “Zapada Cumbiera” y baterista del grupo La Repandilla. El conductor hace hincapié en que si hay alguna competencia entre bandas, como pudo ocurrir en el pasado, el objetivo es que eso se desintegre, fomentando siempre la unión. «Son todos del mismo palo, de la bailanta”, enfatizó.

En la actualidad, la nostalgia y el regreso al pasado son moda. “Lo retro siempre vuelve, pero ahora con mayor fuerza”, afirmó Pizarro. También destacó que, gracias a los programas de streaming, se les da más oportunidades a bandas que antes, para poder tener repercusión, necesitaban ir a un programa de televisión, como el mítico Pasión de Sábado, por ejemplo.

Los organizadores de la zapada también buscan llevar un mensaje de superación a los jóvenes que recién empiezan en la música: no bajar los brazos, darles aliento y recordar siempre, como dice Gilda, «que la vida se nos va y que el día de hoy no volverá».

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Texto: Oriana García

Esta nota fue escrita en el marco del Taller de Gráfica VI de la Licenciatura en Comunicación Social de la UnLaM.

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